Los cinco elementos en la alimentación.

Según los antiguos orientales los procesos naturales no ocurren al azar, sino de una forma ordenada, evolutiva siguiendo unas fases o estadios energéticos: LAS 5 FASES DE LA ENERGÍA o los 5 elementos.

Cada elemento se representa por un símbolo: Agua, Madera, Fuego, Tierra y Metal.

Ésta teoría contempla el hecho de que ningún fenómeno de la naturaleza permanece estático, todo cambia continuamente a su propio ritmo. Estos cambios o fases son iguales para todos los fenómenos naturales, son cíclicos y siempre van en la misma dirección. La única diferencia está en su ritmo, por lo general cuanto más intenso sea el fenómeno, menor es su duración.

En la evolución de los fenómenos naturales siempre se observa que fuerzas expansivas Yin y las fuerzas contractivas Yang están continuamente cambiando la una en la otra. Cuando la expansión llega a un extremo, se convierte en contracción y cuando la contracción llega a un extremo, se convierte en expansión.

Estas transformaciones cíclicas de Yin a Yang y de Yang a Yin pasan por una serie de fases, son los 5 elementos de la filosofía oriental. Este ciclo energético se repite siempre en el mismo sentido y nunca en el contrario. Es la ley madre-hijo o ciclo generativo: cada elemento nutre al siguiente. A su vez el hijo descarga de energía a la madre sin dañarla, estimulándola a recargarse a la vez que la descarga.

Cuando un elemento es estimulado o sobrecargado en exceso, se bloquea y produce una deficiencia de energía en el antagónico (el nieto): es la ley de los antagónicos o ley abuelo-nieto o ciclo de control. Además hay una relación entre cada órgano y víscera de un elemento. La relación entre elementos se produce de órgano a órgano y de víscera a víscera.

Cada elemento se estimula y equilibra con un sabor, un color y un tipo de energía. Los alimentos propios de cada elemento equilibran y estimulan al órgano y a la víscera correspondiente, pero un exceso o una mala calidad de los mismos lo desequilibran.

Por ejemplo, un poco de sal activa los riñones, pero mucha sal los bloquea; un poco de zumo de limón estimula al hígado y vesícula, pero mucho los desequilibra; un poco de aceite crudo de buena calidad equilibra y estimula al hígado y a la vesícula, pero la misma cantidad de aceite frito los altera; los carbohidratos estimulan el bazo-páncreas, pero sí son refinados lo bloquean. Los picantes suaves como el jengibre estimulan el intestino grueso (metal) y las secreciones digestivas, pero un picante fuerte como la guindilla resulta irritante.

También la absorción y el metabolismo de los nutrientes se relaciona con cada uno de los cinco elementos, así, para absorber y metabolizar correctamente las grasas, el elemento madera (hígado y vesícula) debe tener la energía correcta; para la sal y la sales minerales son los riñones (agua); para las vitaminas, el intestino delgado (fuego); para los carbohidratos, el bazo páncreas (tierra); y para las proteínas, los pulmones y el intestino grueso (metal).

El elemento Agua (Riñones, vejiga y aparato reproductor).

Se estimula con sabores salados, colores negro azulados, y se equilibra con alimentos de energía muy contractiva que lógicamente crecerán bajo tierra (las raíces). Las algas por ser verduras de agua y por su contenido en sales minerales son las “reinas” de éste elemento.

Como cereal, el trigo sarraceno, originario de zonas muy frías. También todas las legumbres por su poder de germinar en el siguiente estadio (la primavera), son adecuadas para éste elemento, especialmente las judías azuki (cuya forma y color recuerdan a los riñones).

Salado. El sabor salado estimula la digestión, realzando el sabor de los alimentos, iniciando el flujo de la saliva y jugos estomacales. Sin embargo, si se usa en exceso, los otros sabores quedan superados y toma el mismo gusto.

La sal se fija a las moléculas de agua haciendo más pesados los tejidos. El exceso de sal “desata” los líquidos produciendo hipertensión; puede producir inflamaciones de la piel, acné y exceso de calor.

Si abusamos de la sal, para percibirla necesitamos añadir cada vez más; por eso los alimentos salados se asocian con las ansias y los deseos compulsivos.

El elemento Madera (Hígado y vesícula biliar).

Se estimula con el sabor ácido y con el color verde y es equilibrado por los alimentos que se desarrollan en primavera, de energía ascendente y carácter expansivo. Las hojas verdes ( de nabos, rabanitos y acelgas…), y los germinados son alimentos muy adecuados para el hígado. Por la misma razón la época más adecuada para comer germinados es la primavera.

Ácido-agrio. Es el sabor de los limones, el yoghurt, los tomates, el vinagre y las frutas ácidas. Al igual que el salado, en pequeña cantidad estimula la digestión y potencia los sabores de la comida. Resulta refrescante compartimentos ácidos, pero su exceso aumenta la sed y puede llevar a la retención de líquidos.

Los ácidos estimulan las secreciones biliares, por lo que ayuda a digerir las grasas.

Los sabores agrios agudizan el ingenio y el intelecto, pero su exceso puede “agriar el carácter”, produciendo resentimiento y envidia.

El exceso de alimentos ácidos puede agravar las úlceras, la acidez estomacal, la acidez en la sangre y la irritación de piel y mucosas.

El elemento Fuego (corazón, intestino delgado, triple recalentador y maestro de corazón).

Se estimula con el sabor amargo y con el color rojo, y es equilibrado por los alimentos que se dan en verano que son los de carácter más expansivo y refrescante como las frutas, la lechuga, las endibias, las escarolas, las verduras-fruta como el tomate, el pepino y el calabacín y las verduras-yema como las alcachofas.

Amargo. Es el sabor de las verduras amargas (las endibias, achicoria, escarola, alcachofas, pepinos, diente de león), de la corteza de los limones, de las verduras de hoja verde en general, del agua tónica y de los alimentos tostados en exceso.

El amargo es un sabor tonificante. Neutraliza las ansias del dulce, del agrio y del picante. Lo amargo estimula el paladar, pero no lo satisface, pone en marcha las digestiones lentas.

Tonifica los tejidos, ayuda a eliminar los tóxicos, y es refrescante en casos de fiebre, inflamaciones, acaloramientos o escozores.

En exceso, el amargo puede llevar a la inapetencia, pérdida de peso, dolores de cabeza, inestabilidad, piel seca y sensación de debilidad.

El exceso de amargo se asocia a sentimientos amargos con una gran insatisfacción y frustración.

El elemento Tierra (estómago y bazo-páncreas).

Se estimula con el sabor dulce suave y el color amarillo y se equilibra con los alimentos de energía más “recogida”, propia del verano tardío como la calabaza amarilla, las cebollas, la coliflor y todas las verduras redondas de sabor dulce suave. Como cereal, el mijo (cuya forma es redonda y su color es amarillento). El mijo junto con la calabaza son los ingredientes imprescindibles en las dietas de los diabéticos.

Dulce. Es el sabor del azúcar, la miel, el arroz, las cebollas, las calabazas, las zanahorias, el mijo, las frutas dulces, la leche… El dulce es el sabor más satisfactorio y está asociado a los alimentos más nutritivos.

El sabor dulce es sedante y alivia la sed. Calma el humor excitado e inquieto.

En exceso produce frío y pesadez; embota, torna la mente torpe y somnolienta, conduce al sobrepeso y a la congestión y produce mucosidades. Del exceso de dulce provienen la complacencia, la codicia y la dependencia emocional.

El elemento Metal (pulmón e intestino grueso).

Se estimula con sabores picantes, color blanco y se equilibra con alimentos de energía concentrada propia del otoño (las raíces). Los nabos picantes y blancos son los más resonantes con esta energía. Como cereal, el arroz.

Picante. Es el sabor de los pimientos picantes y de las guindillas, del jengibre, de los nabos y rábanos, de los ajos, de las cebollas y de la cayena.

Los picantes producen una sensación inmediata de ardor y sed. Calientan el cuerpo, estimulan el movimiento y la salida de fluidos. El sudor, la saliva, el moco y la sangre empiezan a correr cuando se presenta un sabor picante. También se estimula la salida de los líquidos digestivos, por lo que potencian la digestión. Tomar una infusión de jengibre antes de las comidas, facilita la gestión de los estómagos más perezosos.

El sabor picante es desincrustante, abre los tejidos y los limpia. Es muy útil en los casos de bronquitis, asma y secreciones sebáceas de la piel.

En exceso, lo picante se convierte en dolor: comer una guindilla provoca hinchazón en los labios y los ojos, ardores en la piel y un sudor caliente.

El picante estimule y excita el cuerpo, pero en exceso lo irrita. Igualmente es válido para las emociones. El humor punzante es vigorizante, pero también puede ser agresivo. Las personas excitables y extravertidas ya tienen una inclinación hacia lo punzante; si exageran más, se vuelven febriles.

CORRESPONDENCIAS DE LOS 5 ELEMENTOS

[ac-sc id=”435″]