La sequía corporal, el tipo más grave de estrés.

 

El cuerpo humano se compone de un 75% de agua y de un 25% de materia sólida. Necesitamos agua para nutrirnos, para eliminar los desechos y para llevar a cabo los billones de actividades que tienen lugar en nuestro organismo.

El cerebro humano que trabaja las 24 horas del día, precisa más agua que cualquier parte del cuerpo. Normalmente, el cerebro contiene un 20% de la cantidad total de sangre que circula en el cuerpo. Se calcula que las células cerebrales están formadas por un 85% de agua. Sus necesidades energéticas no se satisfacen tan sólo con la metabolización de la glucosa o azúcar siempre, sino también con la energía hidroeléctrica generada al hacer pasar el agua a través de la ósmosis celular. El cerebro depende en gran parte de esa fuente de energía en las células para llevar a cabo sus procesos sumamente complejos y mantener su rendimiento.

La escasez de agua en el tejido cerebral reduce el suministro de energía del cerebro y por consiguiente, debilita muchas de sus funciones vitales, una situación que la mayoría de las personas denomina depresión.

Cuando la energía cerebral está por debajo de su nivel normal, la persona afectada es incapaz de afrontar los retos físicos, personales y sociales que se le presentan y debido a ello sucumbe al miedo, la ansiedad, la rabia y otros problemas de tipo emocional.

El síndrome de fatiga crónico por ejemplo, es principalmente un síntoma de la progresiva deshidratación  del cerebro derivada de la incapacidad de eliminar por completo los productos de desecho metabólicos y los residuos celulares del cerebro y de otras partes vitales del organismo.

La respuesta del estrés

Cuando el cuerpo se deshidratada tiene que sostener una lucha contra el tiempo, algo parecido a lo que se experimenta en una hambruna o en una situación de vida o muerte.

El organismo responde a esa crisis movilizando diversas hormonas potentes, entre ellas la adrenalina, endorfinas, cortisona, prolactina, vasopresina y renin-angiotensina .  Las endorfinas, por ejemplo, nos ayudan a soportar el dolor y el estrés y permiten que el cuerpo mantenga la mayor parte de sus actividades. La cortisona ordena la movilización de las energías almacenadas y las materias primas esenciales para proporcionar al cuerpo energía y nutrientes básicos durante la crisis. Esta hormona permite al cuerpo alimentarse por sí mismo, una situación que está garantizada durante una hambruna. Todo ello es desde luego muy estresante y peligroso para el organismo.

La construcción de los vasos sanguíneos

Cuando las células del organismo no reciben agua suficiente, la glándula pituitaria del cerebro produce un neurotransmisor llamado vasopresina, una hormona que tiene la propiedad de constreñir los vasos sanguíneos en las zonas en las que se ha detectado una deshidratación celular. Durante la deshidratación, se reduce la cantidad de agua contenida en el flujo sanguíneo. La vasopresina, como su nombre indica, contrae el sistema vascular, es decir, los vasos capilares y las arterias, a fin de reducir el volumen del fluido. Esta reacción es necesaria para que siga existiendo en el sistema vascular la suficiente presión que permite la filtración constante de agua en las células. Ello hace que la vasopresina tenga una propiedad hipertensiva.

La presión arterial elevada es un fenómeno común en las personas deshidratadas.

Una situación similar se observa en los conductos biliares, que empiezan a constreñirse en respuesta a la escasez de agua en el cuerpo. La formación de cálculos biliares eso una consecuencia directa de la deshidratación.

Retención de agua y lesiones renales

El mecanismo de la renin-angiotensina se desencadena cada ve que hay escasez de agua en el cuerpo. Este sistema magníficamente diseñado lo utiliza el cuerpo para mantener el agua en cualquier lugar posible. Ordena a los riñones que se abstengan de segregar orina y constriñe los vasos capilares y el sistema vascular. Al mismo tiempo, estimula una mayor absorción del sodio (Sal) que ayuda al cuerpo a retener agua. Este mecanismo permanece activo hasta que el cuerpo recupera sus niveles normales de hidratación, pero ello significa también que la presión de la sangre en las paredes de los vasos sanguíneos permanece anormalmente elevada, lo que causa unas lesiones que pueden dar lugar a una enfermedad cardiovascular.

La hipertensión y la retención de orina en los riñones ocasionan lesione renales. Los fármacos diuréticos, que suelen utilizarse para normalizar la tensión arterial, así como la reducción de la sal en la dieta, socavan la necesidad urgente del organismo de ahorrar la escasa agua que ha dejado para sus actividades celulares normales.

La cafeína y el drama del alcohol

La cafeína, presente en bebidas como el té, el café, los refrescos y muchas de las llamadas bebidas energéticas, no sólo estimula y estresa tanto el sistema nervioso central como el inmunológico, sino que además actúa como un poderoso diurético.

Por cada taza de café o de té que se bebe, el cuerpo necesita hasta tres tazas de agua para eliminar la cafeína tóxica. A fin de eliminar la cafeína de la sangre, el cuerpo se ve obligado a tomar agua de sus células.

El resultado es la deshidratación celular y una dilución temporal de la sangre. Como la dilución de la sangre hace que el individuo se sienta bien, no llega a percibir el inminente riesgo de deshidratación.

La ingesta de bebidas alcohólicas inhibe la secreción de vasopresina y por tanto, incrementa la deshidratación celular. Si el consumo de alcohol es excesivo, la deshidratación celular puede llegar a niveles peligrosamente elevados.

La típica resaca producida tras el consumo abusivo de alcohol no es más que un caso extremo de deshidratación de las células del cerebro.

Para sobreponer a la sequía originada por el alcohol, el cuerpo tiene que segregar más hormonas del estrés, entre ellas las adictivas endorfinas.

Las bebidas refrescantes pueden dañar seriamente la salud 

A largo plazo, los efectos de la acidez, del azúcar, de los aromatizantes, de los edulcorantes y de los conservantes de los refrescos pueden ser devastadores para el organismo.

Sería necesario tomar 32 vasos de agua con un pH alcalino de 9 para neutralizar el ácido de tan sólo una bebida de 33 cl de cola o de otro refresco.

Para responder a la ingesta de bebidas de ese tipo, y también al riesgo de deshidratación, el cuerpo tendrá que utilizar las reservas de sus propias barreras alcalinas, principalmente del calcio de los huesos, de los dientes y del ADN.

Ello hace aumentar los niveles de alcalinidad del cuerpo para poder mantener el pH adecuado de la sangre.

El efecto diurético del alcohol en el cuerpo es similar al de la cafeína de los refrescos. Beber, por ejemplo, un vaso de cerveza significa que el cuerpo necesita hasta 3 vasos de agua para contrarrestarla.

Muchas personas no son conscientes de que la sensación natural de sed que tiene el cuerpo es una señal de que éste necesita agua simple y pura.

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